Campisierra, Mancomunidad de Municipios
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Municipios de la Mancomunidad Campisierra
Uña
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Uña
Villa serrana enclavada en una colina de bastante altura, entre la laguna de su nombre y el río Júcar, que discurre entre dos sierras elevadas, la de las Majadas al norte y la de Valdecabras al sur. Una carretera local con dirección al embalse de la Toba y Huélamo comunica con la capital provincial y con la red de carreteras locales que cruzan la Serranía.

Para llegar hasta aquí desde Cuenca capital, deberá tomarse la carretera CU-921 en dirección Villalba de la Sierra que discurre por la Hoz del Júcar, cruzar el Ventano del Diablo hasta llegar a divisar el pueblo de Uña, dejando a la izquierda el Escalerón y la Sierra de la Madera.

El Júcar, tras recorrer la alargada depresión triásica que lleva a la Toba, vuelve a discurrir por materiales mesozoicos del Cretácico y Jurásico formado por calizas y dolomías, encajándose en esa garganta kárstica. Ahí, entre la Muela de la Madera y la Muela de Valdecabras, bajo esa corona rocosa y en un paisaje bellísimo, se encuentra, abrigada, Uña.

Esta población de incierto origen habitada posiblemente por hombres de la Celtiberia en busca de la gran variedad de animales de caza que aquí se criaban, pudieron formar poblado pequeño que, muchos siglos después, estuvieran bajo la influencia musulmana de los Musa Ben Zennum de Walmu (Huélamo), allá por el siglo X.

Uña, nombre que proviene del vocablo hoz=oceja=oiña=uña, diminutivo derivado de hoz y de significado "pequeña y agreste hoz" (los Cortados), empieza a aparecer como aldea en el periodo repoblador a partir del siglo XIII-XIV, cuando estos territorios empiezan a ser ocupadas por habitantes procedentes de Castilla la Vieja y Aragón y entran a formar parte del alfoz de Cuenca.

La bella hoz de "Los Cortados" forma un crestón rocoso de alargado brazo que infunde al paisaje que le rodea la sensación de inmensidad. Esa ceja en forma de farallón rocoso sirve de corona a un lugar, nacido para trono de los Dioses, e inmerso entre el agua del embalse de la Toba y su propia laguna que le da vida. Es un encantador pueblo serrano situado en un entorno natural de grandes paisajes, fuertemente caracterizados por la laguna y el embalse de La Toba, en el Júcar. Próxima a la población existe una piscifactoría.

La riqueza monumental está en su iglesia parroquia dedicada a San Miguel Arcángel y levantada en el siglo XIII, pero restaurada y modificada en el siglo XVI. Es un edificio de mampostería con sillares en las esquinas y en la espadaña, excepto el remate, que es de ladrillo. Es de una sola nave con arco triunfal adovelado que da entrada al presbiterio. Tiene techo de madera a dos aguas.

La laguna de Uña es un rico ecosistema de flora y fauna. La entrada a Uña está presidida desde el lado izquierdo de la carretera por una alineación de imponentes cerros casi gemelos, que observa el discurrir de las cercanas aguas del Júcar.

Merece todo el interés, la laguna que la acompaña y comparte su nombre. Ésta se encuentra a 1.150 metros de altitud y ocupa una extensión de unas 15 hectáreas, aunque en su origen apenas fueron 2 o 3, que se extienden en la confluencia del arroyo Rincón con el Júcar.

En la actualidad tiene un carácter funcional de depósito de agua, lo que ha provocado su gran crecimiento. Los manantiales se encuentran cerca de la piscifactoría de ICONA habilitada en las inmediaciones. Pese a su carácter artificial, perfectamente apreciable, el lugar posee un encanto muy particular, que se acentúa si el viajero es curioso y desciende hasta las mismas aguas para contemplar la variedad de plantas y fauna que las habitan. Al atardecer el atractivo es incluso mayor, pues el sol tiñe con una sutil capa anaranjada los vivos colores que muestra durante el día y la laguna adopta un tono especial.

Por último, cabe apuntar que aquí no es posible la práctica de actividades o deportes náuticos, ya que la laguna conserva imperturbable el carácter salvaje que ha tomado a pesar de su origen artificial.